Un 4 de julio de 1776

"Sostenemos como evidentes estas verdades: que todos los hombres son creados iguales; que son dotados por su creador de derechos inalienables; que entre éstos están, la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad". Estas palabras pueden leerse entre los primeros párrafos de la declaración de independencia del Congreso Continental, reunido en la ciudad de Filadelfia, Pensilvania, aquel 4 de julio de 1776. Este excepcional texto fue obra de la pluma del preclaro estadista Thomas Jefferson. De sus líneas podemos nutrir nuestro ideario libertario. Tal día como hoy, hace 232 años, las 13 colonias inglesas que ocupaban la costa Atlántica de América del Norte, se sumaron para siempre a la comunidad de las naciones independientes del mundo.

Más de dos siglos después, el músculo atlético y longevo de la democracia norteamericana exhibe frescura y señera solidez, dos atributos que pocas veces se ven juntos. Los estadounidenses saben que cuentan con un conjunto de instituciones, que aunque falibles, preservan en el tiempo la grandeza y la vitalidad de su sistema.

La gesta de los padres libertadores de Estados Unidos sigue despertando honda admiración entre todas las naciones. Sobre todo entre los pueblos latinoamericanos. La independencia norteamericana marcó el camino e inspiró a los revolucionarios franceses de finales del Siglo XVIII y dio herramientas conceptuales a muchos de nuestros próceres, entre ellos a Miranda y a Bolívar, para conseguir el coraje y acerar su determinación para alcanzar la empresa de la emancipación de la América española.

Las nociones de libertad e igualdad son dos de las contribuciones fundamentales que aporta la gesta independentista norteamericana. A partir de tales principios se construyeron, ladrillo a ladrillo, los edificios republicanos que le dan forma institucional a nuestros países, tanto en Latinoamérica como en otros continentes.

Hoy las figuras de Washington, Jefferson, Franklin, Adams y muchos más, son recordadas con honor y orgullo. Por eso, al celebrarse un año más de la independencia de los Estados Unidos, sólo nos queda desear que esa sociedad y su dirigencia política haga acopio de sensatez y sabiduría para que su indiscutible influencia en el mundo apunte hacia la consolidación de la paz internacional y que su formidable aporte financiero y tecnológico se ponga al servicio de las causas de la libertad y el bienestar para la totalidad de los ciudadanos que habitan el planeta.